Felicidad clandestina vs. Una felicidad repulsiva

Adjetivar, esto es, atribuirle un adjetivo, en especial los calificativos, a un sustantivo puede ser una tarea compleja en cuanto a escritura se refiere. Si el sustantivo en cuestión es “felicidad”, la cancha puede embarrarse y mucho. Digo yo. La felicidad, así, sin más, no requiere de mayor calificación. Suele ser el estado máximo de, a saber, gozo, goce, beatitud, algazara y siguen las firmas.

Ahora bien, “Felicidad clandestina” es el título de un precioso cuento de Clarice Lispector, en el que se narra el éxtasis de la protagonista al lograr (ob)tener un libro prestado, y la posibilidad misma de leerlo, no el acto, sino toda su potencialidad. Nada nuevo bajo el sol para mí, quizás la mayor sorpresa sea haberme desayunado de tal relato escuchando la sentida lectura de Silvia Schujer al realizar la apertura del Congreso de Promoción de Lectura del año pasado. Cito el final:

Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.

A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.

 

Y me identifico en esa felicidad clandestina también (por lo no declarada) en mi posición actual de lectora para otros, cuando un chico se queda prendido (¿será prendado también?) de lo que transmito. Recuerdo las palabras de Mempo Giardinelli en su discurso de apertura del mismo Congreso, este año. Leer para otros como un acto solidario, que establece un puente que va del que lee al que escucha, en una especie de (com)unión…

 

Y en mi cabecita loca se dispara otra representación para el sustantivo del título, la del nuevo libro de cuentos de Guillermo Martínez. “Una felicidad repulsiva” es el título de uno de los cuentos, y el que le da nombre al libro. Se me produce una controversia además entre este sustantivo y su calificación, una felicidad que nos asquea, parece ser…Conociendo al autor, quisiera ya saber de qué se trata, habrá que esperar a la próxima semana cuando salga a la  venta. Mientras tanto, los dejo con sus propias palabras en una entrevista de Adn, el suplemento literario de La Nación.

 

http://www.lanacion.com.ar/1612768-cuentos-de-amor-de-locura-y-de-muerte

 

Buen domingo.

 

Silvina Rodríguez

Tierra de Libros

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