Sobre “Solar” de Ian McEwan

En algunos momentos sonaba a castigo. En muchos otros, fue un deleite. Pero como suele suceder con este autor, no pasa sin dejar huella. Hasta me recordó a una de las últimas prosas de Beckett. “Worstward ho” (no hay traducción en español, sería algo así como “Hacia lo peor”, en inglés se da el juego de palabras entre “worstward” y “westward”, “rumbo al oeste”, especie de arenga náutica usada en el siglo XVII por los marineros que circulaban por el Támesis).

Porque francamente el premio Nobel Michael Beard, digamos que cercano a los 60 al comenzar el libro y bien entrado en ellos al final, va desbarrancando, yendo desde un lugar quizás hasta políticamente correcto hasta una culminación, un clímax en la última página, donde nos quedan unas cuantas preguntas sin respuesta. El exilio o la cárcel. O no, según quién lea. Todo depende del lector, posiblemente, Y así podremos tener tantas historias de “Solar” como gente que lea. Del mismo modo, tenemos muchas versiones dentro de este libro. Porque hay un juego explícito de “cajas chinas”, o de matrioskas rusas, una lleva a la otra y así, pasamos de problemas maritales a muertes dudosas, temas de física y filosofía, la ecología y la energía solar, el amor, los hijos, el sexo después de los 60, ¿será que dejó algo afuera? ¿O el inglés quiso abarcarlo todo en esta última novela? Curiosamente en “Sabado” todo trascurría en 24 horas. Aquí pasan casi 10 años. Pero el tiempo, ¿dónde está realmente?¿ Dónde más que dentro de nuestra mente? Todas las disquisiciones de Michael pasan por su cabeza, silenciosamente, no son compartidas ni por sus mujeres, ni por sus compañeros de trabajo, ni siquiera las escribe. Ahora caigo en que posiblemente por eso me recordó tanto a Beckett, un escritor que creía que no quedaba nada por decir, y no pudo hacer más en su vida que seguir diciendo, casi como un karma, o una maldición, lo inevitable.

Como siempre, guiños poéticos que me encantan dentro de la novela, es la investigación sobre un poeta inglés del s. XVII, John Milton, que se manda Beard para conquistar a su primera novia, y una buena manera de considerar cómo la literatura y la física pueden acercarse, aunque sea por un rato. Esta novela es un buen ejemplo de ello. Y un dato no menor: el humor atraviesa todo el texto.

Ojalá se animen y les guste. Como adelanto, sólo el epígrafe antes de adentrarnos en McEwan, que corresponde a “Rabbit is Rich” de John Updike:

“It gives him great pleasure, makes Rabbit feel rich, to contemplate the world’s wasting, to know the earth is mortal too.”

Silvina Rodríguez
Tierra de Libros online
www.tierradelibros.com.ar

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