El poder de una buena historia

Hace más de un año escribía esta recomendacion sobre Almudena Grandes (doblete en realidad, o con yapa si quieren, hablaba de “El corazón helado” y sobre “Inés y la alegría” ) . Dado que este título de la autora acaba de ganar el premio Sor Juana Inés de la Cruz en México, aprovecho para desempolvar mi sugerencia y que ustedes la recuerden.

Adjunto nota publicada ayer al respecto en “Clarín”

http://www.clarin.com/sociedad/Almudena-Grandes-premiada-Mexico_0_584341666.html

Que la disfruten

Silvina Rodríguez

Tierra de Libros online

Conocí a la autora española Almudena Grandes por su “Atlas de la geografía humana” (salvando honrosamente las distancias a favor de ella, una novela coral, polifónica, a cuatro voces, sobre las vida de otras tantas amigas que se entrelazan, como “Nosotras que nos queremos tanto” de la chilena Marcela Serrano). Estuvo bien, claro y por eso me interesó cuando hace cuatro años apareció “El corazón helado”. En primer lugar, porque ese título me llevaba de la mano en forma insoslayable al querido Antonio Machado:

“una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.”

En segundo término, Almudena se da el lujo de recorrer a mi gusto cien años de historia de España, desde 1910 hasta nuestros días, con los ojos de unos personajes tan queribles como reconocibles. Los republicanos de ayer y de siempre. Y también los franquistas de muchos años. No se permite sin embargo esta mujer el maniqueísmo, todas las historias son muy humanas, todos tienen sus razones. Y aquí es donde talla el poder de una buena historia que cuenta además buena parte de la Historia de España. Imposible no quedar prendado de los amores de Raquel y Álvaro, pero también de todas las otras (pre)historias de ambas familias…Inútil intentar tomar partido, al menos para nosotros, que no somos parte. Hablando con un español contemporáneo de Almudena sobre la novela me dijo: “¡Es cierto, escribe bien, pero es que de la Guerra Civil estoy hasta los cojones!”. Y sí, debe doler todavía. Setenta años no han sido suficientes para olvidar todo aquello. Horrores varios, muchas desgracias, otras tantas injusticias. Pero la historia que cuenta Almudena se impone a mi entender por sobre todas las ideologías y nos hace zambullirnos (son muchas páginas) y leemos, devoramos tramos de la historia de España a través de la novela…Pongo énfasis además en el capítulo en que Álvaro encuentra la carta de su abuela, mechado con la Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández. Fue una sorpresa muy grata en el medio de una narración con todos sus condimentos tener la yapa de la poesía:

“Yo quiero ser llorando el hortelano

De la tierra que ocupas y estercolas,

Compañero del alma, tan temprano”

Ahora bien, “El corazón helado” se me figura como la condición de posibilidad de la nueva novela de la autora, “Inés y la alegría”. Si no existiera la primera, si Almudena no hubiera experimentado con mezclar hechos reales con ficción en aquella, no habría existido este proyecto a todas luces archiambicioso del primer tomo de los “Episodios de una guerra interminable”, parafraseando como ella misma lo dice a modo de homenaje a Benito Pérez Galdós y sus “Episodios Nacionales”. Y digo archiambicioso porque serán seis volúmenes en total, donde se contarán pequeñas batallas, historias mínimas de gentes que fueron construyendo a España tal como es hoy, con todas las contradicciones, lo bueno junto a lo malo, lo justo a caballo de lo injusto. La anécdota es sobre la invasión del Valle de Arán en 1944, cuando ya hacía 5 años que Franco gobernaba, por parte de un numeroso grupo, un ejército de hombres dispuestos a que la República vuelva a España. Y ya no podemos despegarnos de las vidas de Inés, de Galán, de Comprendes y Angelita, del Lobo. Con frecuencia Almudena elige la primera persona para contar y ya nos sentimos en los mismísimos zapatos del personaje que narra…

En todo caso, las dos novelas son una invitación a la lectura. A esa que dudo pueda hacerse fácilmente desde un libro electrónico… Recomiendo ambas ediciones en la colección Andanzas (la grande) de Tusquets, ya que hasta la edición de bolsillo les queda mal. Con un capuccino a la italiana y una porción de torta de manzana, y una tarde de lluvia, como la de hoy, los que elegimos novelas a ultranza tenemos goce asegurado.

Silvina Rodríguez

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